El diccionario de una larga enfermedad…
De vez en cuando alguien muere tras una larga enfermedad misteriosa, sin nombre, sin ojos ni pies. Pasan los tiempos y los cambios, y nadie lo menta.
A veces me pregunto si todas esas enfermedades sin nombre son los mismos nombres del demonio, que tiene -dicen- más de cien. En otras partes he leído que son tres; la murmuración, la difamación y la calumnia. Algún aclamado periodista, paradójicamente rodeado de religiosos, conoce muy bien estos nombres.
Pero si los nombres fuesen VIH, Parkinson, Alzheimer o cáncer… Al contrario de lo que aconsejan las escrituras, haríamos bien en nombrarlos cuanto más mejor, para llegar a conocerlos y sobre todo, lo que hay tras de ellos, qué les da origen y cómo combatirlos. Me da rabia que nunca se diga cuál es esa larga enfermedad. Como si mereciese tanto respeto para no nombrarla. Como si no hubiese que ponerle un cascabel y exterminarla.
Por suerte hay más nombres, esta vez de personas persiguiendo el trasunto demoníaco, o cuando menos, ayudando a erradicarlo. Me he topado con un Diccionario de términos relativos a la investigación del cáncer a cargo de Jaime Fernández Vera, un bioinformático del CNIO (entre otras cosas, cuando no juega a la Oca). Ánimo, y a ponerle nombres a cosas del pasado (en un futuro, que lo veamos…).
Y después de esta reflexión tan edificante, me voy a leer al Punset :D
Suena en iTunes: >Nada.
A veces me pregunto si todas esas enfermedades sin nombre son los mismos nombres del demonio, que tiene -dicen- más de cien. En otras partes he leído que son tres; la murmuración, la difamación y la calumnia. Algún aclamado periodista, paradójicamente rodeado de religiosos, conoce muy bien estos nombres.
Pero si los nombres fuesen VIH, Parkinson, Alzheimer o cáncer… Al contrario de lo que aconsejan las escrituras, haríamos bien en nombrarlos cuanto más mejor, para llegar a conocerlos y sobre todo, lo que hay tras de ellos, qué les da origen y cómo combatirlos. Me da rabia que nunca se diga cuál es esa larga enfermedad. Como si mereciese tanto respeto para no nombrarla. Como si no hubiese que ponerle un cascabel y exterminarla.
Por suerte hay más nombres, esta vez de personas persiguiendo el trasunto demoníaco, o cuando menos, ayudando a erradicarlo. Me he topado con un Diccionario de términos relativos a la investigación del cáncer a cargo de Jaime Fernández Vera, un bioinformático del CNIO (entre otras cosas, cuando no juega a la Oca). Ánimo, y a ponerle nombres a cosas del pasado (en un futuro, que lo veamos…).
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Etiquetas: ciencia, tecnología







